Saludo

El Catecismo de la Iglesia Católica define la parroquia como “el lugar donde todos los fieles pueden reunirse para la celebración dominical de la Eucaristía. La parroquia inicia al pueblo cristiano en la expresión ordinaria de la vida litúrgica, la congrega en esta celebración; le enseña la doctrina salvífica de Cristo. Practica la caridad del Señor en obras buenas y fraternas: ‘No puedes orar en casa como en la Iglesia, donde son muchos los reunidos, donde el grito de todos se dirige a Dios como desde un solo corazón. Hay en ella algo más: la unión de los espíritus, la armonía de las almas, el vínculo de la caridad, las oraciones de los sacerdotes’ (S. Juan Crisóstomo, incomprehens. 3,6)” (Catecismo de la Iglesia Católica, 2179).
Es verdad que en la parroquia la cura pastoral se encomienda al párroco como pastor propio, bajo la autoridad del Obispo diocesano, pero es misión de todos. Una parroquia es una comunidad de cristianos comprometidos en anunciar a Jesucristo. El Papa Benedicto XVI, en una homilía destacaba tres secretos para la evangelización con los que cuenta toda comunidad parroquial: la Palabra de Dios, los sacramentos (en particular la Eucaristía dominical), y el servicio. Nos exhortaba a hacer de la parroquia un lugar en el que se aprenda cada vez mejor a escuchar al Señor que nos habla en las Sagradas Escrituras. Que éstas sigan siendo siempre el centro vivificante de vuestra comunidad, para que se convierta en escuela continua de vida cristiana, de la que parte toda actividad pastoral. Al tiempo, mantener su apertura a los movimientos y a las nuevas comunidades eclesiales, madurando así una conciencia más amplia de Iglesia y experimentando nuevas formas de evangelización (homilía del 7 de marzo de 2010).
Esta es la tarea que tenemos todos por delante. Se la encomendamos a la Beata María Ana Mogas y la Virgen María, “Madre de la Iglesia”.